Homilía completa de Yinmi Caballero, O.P. 24 de Julio
1. Durante estos días, estamos contemplando en la Primera Lectura, el acontecimiento del Éxodo. La palabra Éxodo en la lengua griega, quiere decir: “salida”.
2. En el pasaje del evangelio de hoy que es la conocida parábola del sembrador, la palabra salir aparece dos veces: “Jesús salió de la casa” y “el sembrador salió a sembrar”.
1º Salir. El sembrador que sale a sembrar es Cristo. Es decir, Jesús salió del Padre al encuentro de la humanidad. “La Palabra que estaba junto a Dios…se hizo carne y puso su Morada entre nosotros” (Jn 1,1.14). El salir del sembrador a sembrar, recuerda la misión. Nuevo Maestro Gerard sus primeras palabras: “somos misión”. Nuestra misión es predicar. En el mensaje de los 800 años, el Papa Francisco dice a los dominicos: “Cuanto más se salga a saciar la sed del prójimo, tanto más seremos predicadores de verdad, de esa verdad anunciada por amor y misericordia, de la que habla Santa Catalina de Siena. En el encuentro con la carne viva de Cristo somos evangelizados y recobramos la pasión para ser predicadores y testigos de su amor. Y nos libramos de la peligrosa tentación, tan actual hoy día, del gnosticismo”.
Somos una Orden apostólica, santa María Magdalena apóstol de los apóstoles, patrona de la Orden. Hemos sido convocados para ser enviados, es decir, para salir, para ser misioneros. Hemos sido llamados, escogidos para la misión de la predicación. La Orden no existe para sí, sino para salir y compartir el mensaje.
Los dominicos desde la contemplación de Jesucristo debemos salir a lo que llama el Papa Francisco: “hacia las periferias existenciales”. Salir más que a lugares o sitios, al encuentro del otro. La Iglesia en salida. “Una Iglesia descentrada, orientada a las periferias, es una Iglesia misionera”. “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG 49).
2º Actitud del sembrador. Sale con esperanza a sembrar, no con prejuicios. Por eso la semilla lo esparce en todo tipo de tierra. No sólo en tierra buena, sino también en tierra pedregosa, en tierra donde hay espinas. Dios siembra de otra manera y la lógica de Él es diferente a la nuestra. Nuestro Padre es un sembrador de amor y no escatima esfuerzos para esparcir la semilla incluso donde no hay ninguna esperanza. Para el Dios de la vida no hay terreno absolutamente malo ni persona definitivamente perdida. El Señor que nos ha creado hará todo para llevarnos a su lado. El sigue sembrando porque el poder de su palabra puede hacer maravillas y El quiere que, en nuestro terreno, su Palabra produzca siempre el ciento por ciento de fruto. Hoy también hemos identificado obstáculos en el mundo como la secularización, la indiferencia, la deshumanización y otros, dentro de la iglesia, la falta de testimonio por causa de los escándalos de hermanos que quitan autoridad a la predicación. Sin embargo, estas situaciones no nos deben desanimar ni desalentar a predicar la esperanza, a ser predicadores de la gracia.
Creyendo en el poder tan grande tiene la palabra de Jesús, es una Palabra que iluminar, corrige, que sana, que alimenta el corazón y la inteligencia de todos nosotros.
El papa Francisco, en su mensaje para los 800 años de la Orden decía: La vida de santo Domingo es “Su ejemplo es impulso para afrontar el futuro con esperanza, sabiendo que Dios siempre renueva todo y no defrauda”.
3º La semilla. La semilla que es la Palabra de Dios, que es el Evangelio, es el que impulsa a salir al sembrador. La semilla, es decir, la Palabra de Dios, el Evangelio, es dinámica, hace salir. La semilla, que es la Palabra de Dios, sembrada no queda nunca infecunda. Dice el profeta Isaías “Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y haberla hecho germinar, para que dé la simiente para sembrar y el pan para comer, así será la Palabra que salga de mi boca. No volverá a mí con las manos vacías sino después de haber hecho lo que yo quería, y haber llevado a cabo lo que le encargué” (Is 55,10-11). La tarea de los dominicos es sembrar la semilla, en todas partes como Jesús, no escoger terrenos, es decir, no descartar personas: todos somos campo de Dios, todo ser humano merece escuchar y recibir la predicación del Evangelio. La misión apostólica de la Orden es siempre sembrar la semilla, la Palabra de Dios, el Evangelio.
Sigamos sembrando la Palabra con fe y con amor. No dudemos de predicar a tiempo y a destiempo así sea en corazones duros, incrédulos y alejados. Dios prenderá poco a poco la centella de esas almas para que ardan como volcanes encendidos por el fuego del Espíritu Santo. ¡A pesar de todo, habrá cosecha!



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